Había una vez un reino que tenía mil campos de tomates. Estaban repartidos por todo el territorio y cada campo lo cultivaba un agricultor diferente. El administrador del reino, designado de entre los encargados de todos los campos, no siempre sabia de tomates a veces era administrador por sus intereses personales , se encargaba de administrar los campos, y una de sus supuestas funciones era informar a los agricultores mediante unos cursos de cómo tenían que cultivar las tierras,el problema es que estas formaciones se había establecido hacía mucho tiempo tenia varios defectos como que la información que aportaba era desfasada e incompleta y la otra era la facilidad con la que la administración otorgaba las credenciales de idoneidad para el cultivo de tomates, cualquiera supiera o no de tomates accedía a ella, haciendo que pulularan cientos de acreditados ineptos cultivadores de tomates pero nadie en la administración lo cuestionaba. El problema residía en que ni el administrador de los campos ni sus subordinados inspeccionaban la labor de los campesinos, ni tan siquiera se interesaban por cómo les iba, si el procedimiento necesitaba ser revisado o si requerían algún tipo de actualización.

Este reino poseía varias peculiaridades que lo hacían diferente a los otros reinos: una era que disfrutaba de un clima y unas tierras idóneas que le conferían a las semillas un carácter especial y, otra , que algunos pocos de sus campesinos eran agricultores inquietos, que habían decidido desmarcarse del método de siembra clásico, con el fin de encontrar técnicas más productivas y eficientes, pues eran sabedores de los defectos y carencias del método . Estos campesinos se atrevían a desmarcarse de las imposiciones de la administración y decidieron cultivar sus tomates a su manera. El resultado desde el principio fue sorprendente: los tomates que cosechaban eran grandes, hermosos, rojos y sabrosos. El resto de tomates, el de la mayoría de los campesinos, eran muy pequeños y muchos de ellos la mayoría se perdían por el camino, pues no llegaban a formarse adecuadamente.

Al administrador solo le interesaban los tomates grandes; cuando los veía, los cogía y orgulloso decía: «Mirad qué tomates más hermosos tengo, no hay otros igual». «Voy a enseñarles a los otros reinos cómo se hacen tomates de verdad». «Vosotros —dirigiéndose a los demás reinos— no tenéis ni idea de hacer tomates». Este administrador y los sucesivos siempre estaban fardando de aquellos tomates. No se daban cuenta de que para que crecieran de esa manera había un trabajo especial detrás. Ni siquiera se preguntaban por qué esos crecían hermosos y los otros la inmensa mayoría eran muy pequeños y que lo eran por falta de dedicación y conocimiento sobre los materiales y técnicas de cultivo. No se tomaban la molestia de preguntar a los que habían cultivado espléndidos tomates cómo lo habían hecho. que habían hecho para conseguir unos tomates así: si los regaban de día o de noche, cuánta agua utilizaban, qué tipo de abono le echaban… Descubrir cuáles eran los motivos por los cuales unos conseguían unos tomates hermosos y otros no, y una vez recopilada toda esa información, renovar los métodos de la administración con el fin de enseñar a los otros agricultores las técnicas adecuadas para conseguir tomates hermosos, colaborando codo a codo con ellos sin dejarlos solos en el proceso.

Lo único que le preocupaba al administrador era mostrarle al resto de reinos que él tenía unos tomates excepcionales. De hecho, se llevaban los tomates a las ferias más importantes del mundo, en las cuales ganaban toda clase de premios y concursos. Se dedicaban a jactarse de lo grandes que eran los tomates de su reino, mientras se iban perdiendo miles y miles de tomates por el camino: «¿Qué más da que el resto de tomates sean feos, pequeños y no sepan a nada, si tengo unos hermosos que puedo lucir en las ferias?».

Pero cultivar esos tomates requería un esfuerzo y un riesgo tan grande y eran tan pocos los recursos y ayudas para apoyarlos en esta tarea que con el tiempo estos agricultores fueron perdiendo ilusión y esperanza, y con ellas los tomates fueron perdiendo tamaño, belleza, color y sabor hasta convertirse en tomates pequeños y anodinos, como el resto de tomates del reino. llego momento en en que cada vez había menos tomates grandes que enseñar en las ferias es mas muchos campos dejaron de cultivar tomates y se dedicaron a plantar otra cosas.

Pero aun así a pesar de la crisis el encargado de los tomates despreocupado, comentó: «Ah, eso es que se ha acabado la temporada, esperaremos a que vuelvan a salir más» …para el y todo su equipo todo los tomates grandes habían sido resultado de unas generaciones espontanea de tomates hermosos,no reconocían que ellos también tenia parte de culpa y que uno de los muchos errores que había cometido era no haber hecho con los agricultores del cultivo de tomates de éxito un grupo de asesores que basados en la experiencia de sus logros ayudaran a otros agricultores a seguir sacando tomates de éxito.

 Autores: Willie Gómez y Sónia Vives